jueves, 18 de febrero de 2010

Dicen por ahí 2

En la puerta de un baño: “Si la suerte te da la espalda, tocale el culo”.

En la lista de deseos de alguno para el 2009: “No dejes de soñarme”.

En Mario Bravo al 900, una pared grita: “¡A reapropiarse de la política!”
Quince días después, la misma calle en Palermo ya no le dice nada a Pau.

El León, en la primera canción que compone, te dice que les digas a esos hombres que traten de usar a cambio de las armas sus cabezas.

En un momento de lucidez de un infeliz: “Escribir me va a salvar”.

En un bar escuché que el Sol le pidió a la Luna que mejor se calle y le confesó: “No me gusta invertir en Quimeras. Me han traído hasta aquí tus caderas, no tu corazón”.

En las paredes de mi corazón: “Ningún pibe nace chorro. Ninguna mujer nace puta”.

En una propaganda de cigarrillos: “Ecologista es quien sabe reciclar una ex – novia en mejor amiga”.

Napoleón, en un ataque de cordura: “una mujer pierde su encanto cuando se hace temer”.

El Diego, en el vestuario del Estadio Azteca, después del gol a los ingleses: “Fue un lindo gol, pero no una maravilla. Raquel Welch es una maravilla, no un gol”.

En una de las proclamas del Mayo Francés: “Seamos realistas. Pidamos lo imposible”.

La Dialéctica 2

Vos soñabas conmigo. Yo quería que me pasara lo mismo y me hubiera gustado encontrarme ahí con vos, pero no venían.

En cambio, te escribía. Vos querías que te pasara lo mismo y te hubiera gustado encontrarte ahí conmigo, pero no te salía.

Por eso, me soñabas.

De Osvaldos

Es conocida la historia de los escritores argentinos Osvaldos. Vivieron juntos durante un tiempo en el exilio como muchos, debido a la dictadura del 76. Pero vivían juntos hasta ahí nomás: uno era noctámbulo y le maullaba a la noche y el otro seguía un estricto régimen militar de levantarse bien temprano. Cuando uno se iba a acostar el otro amanecía. Eran parecidos en dos cosas: por la panza y porque se querían mutuamente, como todo lo que sabe caminar entre dos personas. Pero el nochero se convirtió en gato negro y en una de sus tantas escapadas por los techos se fue, como quien no quiere la cosa, sin penas ni olvido y no volvió más. El Osvaldo que quedó sin su ronroneo, lo recuerda años después con una anécdota futbolera:

“¿Cómo podes ser hincha de un equipo de fútbol (San Lorenzo) que lleva el nombre de un sacerdote salesiano (por R.P. Lorenzo Massa)?”, le preguntó Bayer a Soriano. El segundo le contestó “no es por eso, es por la batalla de San Lorenzo”. “¡Peor entonces, militarista!”, le gritó Bayer y Soriano que no supo que contestarle se enojó y cortó la discusión ahí, saliendo de la casa.

Al otro día, Soriano seguía enojado. No lo saluda a Bayer. Minutos después le dice: “¿Y vos, como podes ser hincha de un equipo (por Rosario Central) que lleva como primer nombre ese adminículo con el que rezan las viejas?”. Bayer, derrotado, le contestó: “me ganaste”.

Soriano rió a boca de jarro.

La dialéctica

Te hago una pregunta, me das una respuesta. Me mandas un mensaje, me quedo sin crédito. Te vas, me pongo a escribir. Me voy, no me llamas más. Vuelvo y no estás. Llegás, me encontrás. Te propongo vernos, no podés.

Muevo un dedo y muevo al mundo. El mundo en movimiento, me mueve a mí.

Trampolín

Uno no nace nadando. Es verdad. Muchos de nosotros pasamos por la experiencia de aprender eso cuando somos chicos. Y llega el día en el que te subís por primera vez al trampolín.

La fila empieza antes de subir la escalera y como toda cola que se forma, a medida que van pasando se va achicando.

Finalmente, llega tu turno o el mío. Es lo mismo. La cuestión es que estamos parados ahí, vos contra la pileta y la pileta versus vos y tenemos que tomar una decisión. La ayuda terminó. El profe o la profe no pueden hacer otra cosa más que alentarte y todo lo que fuiste y no fuiste hasta ese momento se reduce a un solo segundo en el que estás, quizás por primera vez, vos con vos mismo y tenés que elegir que tipo de persona sos: si de las que finalmente deciden tirarse o de las que deciden bajarse por un costado.

Entre querer y poder

Había llegado a cuarto año del magisterio sin hacer ni una puta obra que valga la pena. Excusas sobraban: doble turno más inglés menos el riesgo de resignar otras cosas y no aprender a limitarme no hacían una buena fórmula del éxito.

Pero me cansé. Empecé por una punta, trasnoché un par de noches, inventé, al mismo tiempo que me inventé a mí mismo, improvisé y, como bien enseña el maestro, la inspiración me encontró trabajando.

Al otro año, multipliqué.

Manual del Periodista

Tomo 1

Introducción

Todos los medios de comunicación de masas, tele, radio y diarios tienen el poder y la libertad de elegir que es noticia y que no y el sentido con que se verá, escuchará y leerá una realidad loca, que se hace pasar por la realidad toda y sólo podemos agarrar una partecita.

Un minuto

30 de diciembre del 2004: un grupo de aproximadamente 2.811 jóvenes, de variados orígenes e intereses, se disponen a ver el show en vivo de la banda Callejeros en un conocido boliche llamado República de Cromagñon. Se trocó fiesta por tragedia. Murieron 194 chicos y hubo más de 700 heridos. En un país de heridas donde nunca se las cierra volvíamos a dormir todos juntos sobre penas nuevas.

Leandro Bordon, ayer, 10 de enero del 2009, cumpliría 13 años y su hermanita Solange éste 17 de abril cumpliría 15. Tenían 8 y 10, igual que Eduardo Amaya y Agustina Antón. Ariel Zerpa tenía 6 y Sofia Segovia Rios le llevaba un año más. Ana Oviedo, Sol Cwierz y Nicolás Flores apenas terminaban salita de 4.

Cinco años y unos días después, con otro gobierno en la ciudad, el domingo 11 de enero del 2009, se incendia, en el barrio de la Boca, una vieja sede del ex Banco de Italia, donde vivían familias carecientes. Ésta vez, no fue una bengala sino un cortocircuito. A las dos de la madrugada se origina el fuego. Pasadas las 10 y 30 de la mañana, tras extinguir los focos de incendio más importantes, los bomberos, encuentran los cuerpos de los seis chicos y chicas: cuando había comenzado el fuego los seis se escondieron bajo una mesa, pensando que de esa forma se salvarían. Eran dos nenas de 1 y 4 años y cuatro varones de 7, 9, 11 y 13 años. Eran todos hermanos y hermanas e hijas e hijos de la familia Monzón. De nuevo, alcanzó sólo un minuto triste para desatar meses de mirar para otro lado.

De chico en la primaria había aprendido que el silencio es una forma de hablar. De más grande, en la facultad, Max Weber, con otras palabras, me enseñaba que la omisión es también una forma de actuar. Para mí, cuando se tiene un cargo público y se repiten las tragedias en el tiempo, era algo más: una terrible guachada.

Dicen por ahí

En un volante universitario: “no dejes para el sábado lo que podés hacer el viernes”.

En el barrio de Palermo, en Zenteno al 3100, en un pasacalles Tomy le dice a Pau que la ama con todo su corazón.

En un anuncio de Sprite: “Cortá con tanta ternura. Lo dulce no quita la sed”.

Una pared, en una de las cuatro esquinas de Basualdo y Rodó impera en rojo: “Cynthia, madurá, tarada!”.

En la ciudad de la furia, que es parecida a Buenos Aires, un hombre alado prefiere la noche.

La canción de Adam te recuerda que salves al mundo: no es tan tarde para intentarlo.

Uno que dice que es “anónimo”: “La realidad es una alucinación causada por la falta de alcohol”.

En mi primer anotador: “Cuando me canso de crecer y los sueños tardan en venir, pelo la V.I.P y me invito con Joaquín a la 69.G”.

Celine, a los treinta y pico, antes de que atardezca en París, le confiesa a Jesse: “Yo soy una mujer fuerte e independiente en mi vida profesional. No necesito que un hombre me alimente, pero sí a uno que me ame y al que yo pueda amar”.

En la parte de atrás de la remera de mi amigo de la infancia que ahora está pelado: “Ser chico es lo más grande que hay!”.

Panaderos

Panaderos
Nunca quise encerrarme en un gimnasio y tampoco fuí bueno para las modas. En cambio, con mis botines azules “Mitre”, que compré hace tiempo creyendo que eran zapatillas, atados por cordones con los colores “rasta”, me disfracé de corredor y gimnasta por un rato y me saqué a ventilarme al sol en el parque que me vió crecer.

Tras finalizar el rito que, dentro de la ciudad, me acercaba por unos minutos a la naturaleza, cuando volvía a casa las últimas luces del atardecer y los primeros vientos del anochecer me trajeron esas bolitas de pelos blancos que de chicos nos dijeron que se llaman “panaderos”. La existencia de los mismos tenían un propósito: si lograbas atraparlos en tu mano, cerrabas los ojos, pedías un deseo, y finalmente lo soplabas para que se vaya volando, el deseo que acababas de pedir se cumpliría.

Yo ya estaba un poco grande para esas cosas y encima venía saturado de deseos: hace unos días terminaba de escribir y publicar mis deseos y no había tenido ni tiempo para realizarlos ni le había dado tanto tiempo al tiempo para que me los realice.

Sin embargo, algo me llevó a que lo atrape con mi mano más torpe. Pero no sabía ni tenía por el momento más nada que desear para mí. Poco después de dar unos pasos con él en mi mano entendí que pasaba y desee que no haya ni un solo panadero que no deje de aterrizar en las manos de todos los y todas las que seguimos llevando nuestro niño y niña adentro y no nos creímos todavía el cuento de crecer.

El viento se lo llevó. No hizo falta soplar.

De cómo tratar con los enemigos

Arturo Jauretche mientras vivió era amado y odiado.

Uno de sus enemigos, burlonamente, con la intencionalidad de despreciarlo intelectualmente, dijo eufemísticamente que era un “parasociólogo”.

Él, le respondió lo siguiente: “Quizás lo soy , pero no por encontrarme en las orillas de la sociología sino porque les digo:¡Pará sociólogo!, cuando entran a macanear”.

Al revés

Hay lágrimas que son de alegría y si se guardan durante mucho tiempo devienen en alivio.

Una palabra se muere si no llama a otra.

Puede también endurecerse sin perder la ternura.

De flaquezas proponía Nietzsche sacar las fuerzas y mi cuello roto, bastante años después, eran sus garantías.

Irse no es alejarse y si el ruido no se callase, el oído no escucharía al silencio.

Muchos techos sirvieron de pisos firmes y en muchas cárceles, “tumbas” de encierro, castigo, oscuridad y muerte, la vida humana fue iluminada y premiada con las ideas más libres.

En Argentina, la última dictadura militar zarpó y arrebató de cuerpo y alma la vida de 30.000 hijos de ese país. Los hicieron desaparecer para que el olvido, que no escucha, no habla ni ve, no pueda contarnos quienes eran, que hacían, que pensaban, que sentían y porque luchaban. Sin embargo, los hilos de la razón se cortaron, el milagro aconteció y entre tanto dolor, la vida volvió a parir, pero al revés: las madres y las abuelas de ellos son paridas y vueltas a nacer por sus hijos, y ellos, que ya no están caminando por esta parte jodida del mundo, no dejan de aparecer y caminar en ellas.

Palomas mensajeras

Cambio abrazo por compañía (de 17 a 20:30 hs) para asistir al último día de la muestra de Guayasamín en el Ecunhi (Espacio cultural nuestros hijos – Ex Esma).

Si no venís a clase de francés no me quedo un carajo.

Escrache a vecina por hacer del palo de luz público una cacerola de teflón. Personas con afinidad ideológica presentarse en Chascomús 4652 Dto 5. Día y horario a confirmar.

No te mueras sin decirme a donde vas.

Patio de casa

Día de la semana. Patio de casa. Hora de la digestión.

Mamá: “Bueno, hoy a la noche riego yo acá abajo y vos arriba”.

Yo: “Hoy a la noche no voy a estar”.

Mamá: “Apa, pero qué? No venís ni a dormir?”

Yo: “Voy a la facultad”.

Mamá: “Ahh (se queda pensando). Pero hoy no tenés o sí?”

Yo: No.

Mamá: (Termina de masticarlo) "Decime que no es de `las que prefieren el aula a tu compañía´. Si es así es una estúpida".

Yo: (me rio) "No sabría que responderte". Dos segundos después, agrego: "Tampoco quiero que te enojes".

Hubo empate de risas.
Pregunta:

¿Por qué cuando unos boludos cortan la calle porque les falta luz son "los vecinos" y cuando la cortan los piqueteros son unos "negros de mierda"?

Respuesta:

Dice la Real Academia Española (http://buscon.rae.es/draeI/SrvltConsulta?TIPO_BUS=3&LEMA=vecino):

vecino, na. (Del lat. vicīnus, de vicus, barrio, lugar).

1. adj. Que habita con otros en un mismo pueblo, barrio o casa, en habitación independiente. U. t. c. s. ... Ver más

2. adj. Que tiene casa y hogar en un pueblo, y contribuye a las cargas o repartimientos, aunque actualmente no viva en él. U. t. c. s.

3. adj. Que ha ganado los derechos propios de la vecindad en un pueblo por haber habitado en él durante el tiempo determinado por la ley. U. t. c. s.

4. adj. Cercano, próximo o inmediato en cualquier línea.

5. adj. Semejante, parecido o coincidente.

El vecino (boludo) es semejante, parecido o coincidente, cercano, próximo o inmediato en cualquier línea a otro vecino (boludo). Tienen casa y hogar en un pueblo, y contribuyen a las cargas o repartimientos (servicios de luz). Ergo, se han ganado los derechos propios de la vecindad, es decir, las calles del barrio en el que habitan. Las calles son de ellos, de los vecinos (boludos). Por eso están en todo su derecho a cortarla y hacer lo que quieran en ella.

Los piqueteros (negros de mierda) vienen a copar la parada. No sabemos donde están sus casas o si las tienen. Mucho menos si hacen sus contribuciones. Por eso, vienen de otro mundo a reclamar por otras cosas en las calles que no son de ellos, que no se han ganado.

Me da la impresión de que para escribir el Diccionario de la Real Academia Española se juntaron unos cuantos vecinos (boludos).

La convicción

En algún punto del mundo alguien se despertó y encendió el primer fueguito.

No se sabe muy bien cuanto después, pero ese fueguito fue visto por otro que quería prenderse: voló una chispa enviada por el primero y se prendió.

Con el nuevo fuego ya eran dos los fueguitos.

Un tercero los vio y en compañía de un cuarto se dieron fuerza juntos para animarse a prenderse y fue más fácil.

Siendo cuatro ya eran un grupo y uno que en otra parte estuvo siempre esperando eso, dejó todo por armar lo mismo y armó otro grupito de fuegos.

Los dos grupos se juntaron y ya eran una sociedad de fuegos.

La sociedad, para seguir existiendo tuvo que naturalmente reproducirse. Entonces, se juntaron los fuegos que querían quererse y de tango fuego desatado nacieron nuevos fueguitos, que volvieron a repetir la historia, incluso en donde estaba todo apagado.

martes, 16 de febrero de 2010

El cielo en el infierno

Dante Alighieri, en la Divina Comedia, ubica a todos sus personajes entre el cielo y el infierno, pasando por el purgatorio.

Abelardo y Eloisa van a parar directamente al infierno.

Pero con una salvedad: están juntos. Y dentro del infierno, ese es su paraíso.

lunes, 15 de febrero de 2010

La Idea y la bala

Alem, De la Torre, Favaloro.

Hay corazones que laten en este mundo por ideas.

Sáquenle al mundo las ideas y estarán sacando la misma arma que los mató.

domingo, 14 de febrero de 2010

Escribir es una maldición que salva. Es una maldición porque obliga y arrastra, como un vicio penoso del cual es imposible librarse. Y es una salvación porque salva el día que se vive y que nunca se entiende a menos que se escriba.

¿El proceso de escribir es difícil? Es como llamar difícil al modo extremadamente prolijo y natural con que es hecha una flor.

No puedo escribir mientras estoy ansiosa, porque hago todo lo posible para que las horas pasen. Escribir es prolongar el tiempo, dividirlo en partículas de segundos, dando a cada una de ellas una vida insustituible.

Escribir es usar la palabra como carnada, para pescar lo que no es palabra. Cuando esa no-palabra, la entrelínea, muerde la carnada, algo se escribió. Una vez que se pescó la entrelínea, con alivio se puede echar afuera la palabra.

Escribir es una maldición que salva. Es una maldición porque obliga y arrastra, como un vicio penoso del cual es imposible librarse. Y es una salvación porque salva el día que se vive y que nunca se entiende a menos que se escriba. Clarice Lispector

¿El proceso de escribir es difícil? Es como llamar difícil al modo extremadamente prolijo y natural con que es hecha una flor.

No puedo escribir mientras estoy ansiosa, porque hago todo lo posible para que las horas pasen. Escribir es prolongar el tiempo, dividirlo en partículas de segundos, dando a cada una de ellas una vida insustituible.

Escribir es usar la palabra como carnada, para pescar lo que no es palabra. Cuando esa no-palabra, la entrelínea, muerde la carnada, algo se escribió. Una vez que se pescó la entrelínea, con alivio se puede echar afuera la palabra.

Clarice Lispector

sábado, 6 de febrero de 2010

Carta de María Guadalupe Cuenca, esposa de Mariano Moreno

Carta de María Guadalupe Cuenca, esposa de Mariano Moreno

14 de marzo de 1811


"Mi querido y estimado dueño de mi corazón:

"Me alegraré que lo pases bien y que al recibo de ésta estés ya en tu gran casa con comodidad y que Dios te dé acierto en tus empresas; tu hijo y toda tu familia quedan buenos pero yo con muchas fluctuaciones y el dolor en las costillas que no se me quita y cada vez va a más; estoy en cura, me asiste Argerich, se me aumentan mis males al verme sin vos y de pensar morirme sin verte y sin tu amable compañía; todo me entristece, las bromas de Micaela me enternecen porque tengo el corazón más para llorar que para reír, y así mi querido Moreno, si no te perjudicas procura venirte lo más pronto que puedas o si no hacerme llevar porque sin vos no puedo vivir, la casa me parece sin gente, no tengo gusto para nada de considerar que estés enfermo o triste sin tener tu mujer y tu hijo que te consuelen y participen de tus disgustos; ¿o quizás ya habrás encontrado alguna inglesa que ocupe mi lugar? No hagas eso, Moreno, cuando te tiente alguna inglesa acuérdate que tienes una mujer fiel a quien ofendes después de Dios."



Nota: Mariano Moreno falleció en alta mar el 4 de marzo 1811, diez días antes de haberse escrito esta carta.

viernes, 5 de febrero de 2010

3 de Febrero

Debutamos con un humilde relato sobre el Combate de San Lorenzo. Esperemos que guste.


3 de Febrero


Para la Libertad, por el derrotero de postas del camino real, pasando por Zarate, San Nicolás y Rosario, casi un año después de volver a las colonias del Sur, parte sobre su caballo y con su regimiento de granaderos el 28 de enero de 1813.


Vestido de paisano, con chambergo y poncho, para no ser visto por los informantes y espías enemigos, cabalga dispuesto a dejar atrás la incógnita de su figura y demostrar su lealtad a la Patria.

¿Qué te trajo a éstos pagos, capitán de caballería destacado y honrado, tras veinte años de servicio a la metrópoli? ¿Es posible confiar en vosotros, soltero desconocido de 34 años, que conservas tu acento español? ¿Acaso lucharás contra el país que defendisteis toda tu vida? El misterio y el escepticismo te rodean. Vuelves un día a la tierra en la que no te has formado y te ofreces a armar y conducir el ejército de una Nación.

Tras la revolución de Mayo, España declara a la ciudad de Montevideo como capital provisional del Virreinato del Río de la Plata. Ésta ciudad se convierte en la principal base naval española en el océano Atlántico Sur.

Sin embargo, José Rondeau primero y luego José Gervasio Artigas, sitian por tierra a la ciudad con sus ejércitos, de modo que los españoles tenían que hacer uso del mar y del Río de la Plata para abastecerse. Frecuentemente, una escuadrilla realista salía de Montevideo en dirección al Paraná, y sus hombres merodeaban las costas robando los ganados. Es una de estas expediciones la que es seguida paralelamente por tierra por San Martín y su regimiento.

31 de enero de 1813: van cuatro días de marcha y los granaderos no consiguen alcanzar a la flota. Las postas de los alrededores no cuentan con suficientes caballos para toda la tropa. El regimiento se reduce de a poco.

Las fuerzas de San Martín logran adelantarse, deteniéndose cerca de la posta de San Lorenzo, situada a 26 Km. al norte del Rosario. Allí está esperando a la Historia el histórico convento de San Carlos de Borromeo donde San Martín ocultará a sus granaderos.


La flota realista se encuentra varada a sólo 300 metros del edificio. Hay que aprovechar esa situación. San Martín negocia por la noche con la máxima autoridad del monasterio, el superior de los frailes franciscanos, el fray Pedro García.


La Historia a caballo, una vez más, viene a derribar las puertas de las residencias sin pedir permiso y obliga a los hombres a jugársela.


El Fray pide garantías, sí, pero éste no puede evitar jugar para uno u otro bando y atar la suerte de su cabeza al resultado de la contienda. Si San Martín falla, será fusilado: “Dicen que lo arrastrarán por sobre rocas cuando la Revolución se venga abajo, que machacarán sus manos y su boca, que le arrancarán los ojos y el badajo”.


Entrada la noche, el fraile apuesta a que Dios sea revolucionario.


Del lado patriota, contamos con unas tropas entrenadas hace apenas unos meses en los cuarteles de Retiro. Pobres y analfabetos en su mayoría, por primera vez van a recibir (obligados) un entrenamiento metódico y acorde a los últimos adelantos de la guerra europea. Pardos, morenos, “indios”, criollos y algún que otro europeo. Mezcla de esclavos, sicarios, ex enemigos e idealistas, son llamados a filas como soldados de la revolución contra un mismo enemigo. Ley de las identidades: a nosotros nos hace nosotros los otros. Somos amigos porque identificamos a un enemigo, del que nos diferenciamos. El enemigo es otro, es diferente a nosotros.


Las velas dejan ver lo cansados, sucios y hambrientos que están. El calor sofocante no ayuda a conseguir el sueño. Los nervios y el miedo tampoco. Quizás algún tabaco sea lo mejor que puedan disfrutar por el momento.

Juan Bautista Cabral, correntino al igual que San Martín, pero a diferencia de él, esclavo y negro, afila su espada. Sueña con ser un ciudadano libre una vez que terminé el servicio.


Ojala Robertson que este caballo de Troya funcione.


A las cinco de la madrugada desembarcan 250 hombres en el puerto de San Lorenzo y se dirigen directo al convento de San Carlos. Febo asoma a las cinco y media.


Detrás del edificio, el santo de la espada los vigila desde su catalejo. Los ve subir la barranca. Una vez alcanzada la superficie, la infantería realista marcha hacia el convento a por lo que venían: víveres y riquezas. No hay más tiempo que esperar.


El clarín estridente sonó. Los tambores del enemigo también.


Lanzas, bayonetas, sable en mano, armas de fuego. Un minuto eterno para poder tirar con suerte dos balas.


Después, poner el cuerpo y arrojarse contra el ajeno. Destrozarlo, sin piedad.


Somos menos: 120 contra 250 o más de 300. No importa, nuestra causa es la más justa. Nadie nos hará esclavos. “¡A la carga!”, “¡a degüello, carajo!”, “¡seamos dignos y libres que lo demás no importa!”.


En general se cree que el papel, el rol de un jefe, es coordinar y conducir estratégicamente la acción desde atrás, mandar desde la retaguardia. Protegido.


Pero el Comandante en Jefe es el primero en salir al cruce de las tropas realistas y en enfrentar las balas del enemigo.


Valor: ir al frente, con los hombres, codo a codo, sin jerarquías.


Coraje: dar el ejemplo, ser el ejemplo. Los gritos en el cielo tienen sus pies bien puestos en la tierra. Las arengas y las palabras son coherentes con los hechos. Dicho y hecho son lo mismo. No hay divorcio. No sé a que otro quijote del Siglo XX me recuerda.


“¿De que color era el caballo blanco de San Martín?” Sean sinceros: todos alguna vez caímos en esa (sobre todo la primera vez) y sino fue en esa seguro que en otra sí. Argentina: líder en la producción de cuentos del tío.


El caballo blanco de San Martín es herido ni bien sale a enfrentarlos, a los tres minutos de iniciado el ataque. Garrón: el caballo cae encima del Comandante, dejándolo inmóvil al quedar atrapada una de sus piernas. Se viene la escena más dramática:


Atento a la situación, un infante español decide atravesar con su bayoneta al Jefe revolucionario. Pero, antes que Cabral, el puntano Juan Bautista Baigorria lo intercede y detiene el golpe, traspasando al español con su lanza. No se olviden de Baigorria.


Ahora sí. Tras la acción de Baigorria, Cabral se encarga de sacar al jefe del aprieto, pero mientras realiza su cometido recibe dos impactos mortales por la espalda. Y es cierto, el soldado heroico se cubre de gloria y su vida rinde haciéndose inmortal, pero no muere inmediata y románticamente en el campo de batalla, sino dos horas más tarde (según Víctor Nardiello, secretario de la Junta Histórica de Rosario) en un hospital improvisado en el comedor de los frailes del convento. De cualquier forma, murió contento: para los elegantes “porque han batido al enemigo”, para los cabezas “porque cagamos a esos mierdas”.


Los realistas huyen hacia la barranca. Algunos, desesperados, antes que los alcancen los determinados rebeldes y las balas, se tiran a las aguas del río Paraná. No se salvarán tampoco: muchos serán ahogados.


Un par de cuerpos mutilados sobre la hierba. Sangre en el trigo, rojo y amarillo. Polvo en el aire. Pólvora en las narices. Espadas y sables clavados en la tierra pendulan por un tímido viento de verano. A descubrir las caras, a quitarles los cascos, a reconocer a los muertos, a juntar los cadáveres (esperemos que no tengan familia). A capturar los cañones, los fusiles, a hacer algunos prisioneros, a recoger la bandera.


El capitán Justo Germán Bermúdez, al mando de la segunda columna, había llegado tarde al combate. Se demoró más de lo estipulado en el rodeo al convento. Pero una vez que llegó, terminó por desbandar a las filas enemigas y aseguró la victoria.


Durante la contienda, es herido en una pierna y debe amputársela por la gangrena. A los 11 días, tras las críticas de su comandante por la conducción de sus filas, el capitán se quita el muñón y se deja morir desangrado en una de las habitaciones del convento. En la revolución no se podía fallar y así se pagaba la lealtad. Justo era justo y leal. No era Cleto.


¿Combate o escaramuza de 15 minutos? Dejémosle esa tarea a los historiadores.


Lo importante es que a partir de ahí no hubo más campañas de los realistas de Montevideo hacia el río Paraná, y la ciudad comenzó a tener problemas de abastecimiento.


San Lorenzo marcó un giro en la revolución: primer ensayo, primera victoria, primer combate en la guerra por la Independencia, primer combate liderado por San Martín en territorio americano.


A partir de ese hecho imagino que muchos pudieron decirle al futuro libertador de América: “Lo felicitamos señor. Se ha ganado nuestra confianza. Sea nuestro Padre de la Patria. Conviértase en nuestro líder patriota, que estamos seguros que las montañas ni las fronteras podrán detener el sueño de fundar la Patria Grande”.

Bienvenida!


Bienvenidos a la aguja y la burbuja!

Uno automáticamente podría preguntarse, ¿porqué "la aguja y la burbuja"?, guíandose por una conducta entre radical y crítica (de cuestionarlo todo) y existencial (de cuestionarlo todo).

Respondo tratando de ser lo más abarcativo posible pero evitando caer en el extremo, ya que tratar de explicarlo todo e identificar todos los factores que hacen a una decisión además de resultar matemáticamente esquizofrénico es muy probable que resulte sumamente aburrido para los lectores

1) Primera razón (Honestidad Brutal): Simplemente no encontré otro nombre para un nuevo blog en la red.

2) Segunda razón (poética): La aguja y la burbuja. Queremos creer y tenemos muchas ganas de creer de que a cada burbuja, tarde o temprano, le corresponderá una aguja que venga a pincharla, a desencerrarla. El autor cuenta con las propias. Por lo tanto tampoco está excluido de éste deseo.

Último momento: Lamentamos informarle que el autor se ha quedado sin razones. Por lo general, la tradición manda que queda lindo que cuando se intente explicar algo sean tres las razones que expliquen determinada cuestión. Como somos feos, pobres y contradictorios, dejaremos la tercera explicación para un mejor momento, nos hacemos cargo de ésta deuda recien contraida y con el paso del tiempo descubriremos si realmente era legítima, si había tanto que "abarcar" y explicar o si llegamos al límite y al contorno de esta primera y última presentación burbuja.

La burbuja se cierra y acorde a su forma circular, termina donde empezó: "Bienvenidos a la aguja y la burbuja!"