Uno no nace nadando. Es verdad. Muchos de nosotros pasamos por la experiencia de aprender eso cuando somos chicos. Y llega el día en el que te subís por primera vez al trampolín.
La fila empieza antes de subir la escalera y como toda cola que se forma, a medida que van pasando se va achicando.
Finalmente, llega tu turno o el mío. Es lo mismo. La cuestión es que estamos parados ahí, vos contra la pileta y la pileta versus vos y tenemos que tomar una decisión. La ayuda terminó. El profe o la profe no pueden hacer otra cosa más que alentarte y todo lo que fuiste y no fuiste hasta ese momento se reduce a un solo segundo en el que estás, quizás por primera vez, vos con vos mismo y tenés que elegir que tipo de persona sos: si de las que finalmente deciden tirarse o de las que deciden bajarse por un costado.
jueves, 18 de febrero de 2010
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