30 de diciembre del 2004: un grupo de aproximadamente 2.811 jóvenes, de variados orígenes e intereses, se disponen a ver el show en vivo de la banda Callejeros en un conocido boliche llamado República de Cromagñon. Se trocó fiesta por tragedia. Murieron 194 chicos y hubo más de 700 heridos. En un país de heridas donde nunca se las cierra volvíamos a dormir todos juntos sobre penas nuevas.
Leandro Bordon, ayer, 10 de enero del 2009, cumpliría 13 años y su hermanita Solange éste 17 de abril cumpliría 15. Tenían 8 y 10, igual que Eduardo Amaya y Agustina Antón. Ariel Zerpa tenía 6 y Sofia Segovia Rios le llevaba un año más. Ana Oviedo, Sol Cwierz y Nicolás Flores apenas terminaban salita de 4.
Cinco años y unos días después, con otro gobierno en la ciudad, el domingo 11 de enero del 2009, se incendia, en el barrio de la Boca, una vieja sede del ex Banco de Italia, donde vivían familias carecientes. Ésta vez, no fue una bengala sino un cortocircuito. A las dos de la madrugada se origina el fuego. Pasadas las 10 y 30 de la mañana, tras extinguir los focos de incendio más importantes, los bomberos, encuentran los cuerpos de los seis chicos y chicas: cuando había comenzado el fuego los seis se escondieron bajo una mesa, pensando que de esa forma se salvarían. Eran dos nenas de 1 y 4 años y cuatro varones de 7, 9, 11 y 13 años. Eran todos hermanos y hermanas e hijas e hijos de la familia Monzón. De nuevo, alcanzó sólo un minuto triste para desatar meses de mirar para otro lado.
De chico en la primaria había aprendido que el silencio es una forma de hablar. De más grande, en la facultad, Max Weber, con otras palabras, me enseñaba que la omisión es también una forma de actuar. Para mí, cuando se tiene un cargo público y se repiten las tragedias en el tiempo, era algo más: una terrible guachada.
jueves, 18 de febrero de 2010
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