Debutamos con un humilde relato sobre el Combate de San Lorenzo. Esperemos que guste.
3 de Febrero
Para
Vestido de paisano, con chambergo y poncho, para no ser visto por los informantes y espías enemigos, cabalga dispuesto a dejar atrás la incógnita de su figura y demostrar su lealtad a
¿Qué te trajo a éstos pagos, capitán de caballería destacado y honrado, tras veinte años de servicio a la metrópoli? ¿Es posible confiar en vosotros, soltero desconocido de 34 años, que conservas tu acento español? ¿Acaso lucharás contra el país que defendisteis toda tu vida? El misterio y el escepticismo te rodean. Vuelves un día a la tierra en la que no te has formado y te ofreces a armar y conducir el ejército de una Nación.
Tras la revolución de Mayo, España declara a la ciudad de Montevideo como capital provisional del Virreinato del Río de
Sin embargo, José Rondeau primero y luego José Gervasio Artigas, sitian por tierra a la ciudad con sus ejércitos, de modo que los españoles tenían que hacer uso del mar y del Río de
31 de enero de 1813: van cuatro días de marcha y los granaderos no consiguen alcanzar a la flota. Las postas de los alrededores no cuentan con suficientes caballos para toda la tropa. El regimiento se reduce de a poco.
Las fuerzas de San Martín logran adelantarse, deteniéndose cerca de la posta de San Lorenzo, situada a
La flota realista se encuentra varada a sólo
El Fray pide garantías, sí, pero éste no puede evitar jugar para uno u otro bando y atar la suerte de su cabeza al resultado de la contienda. Si San Martín falla, será fusilado: “Dicen que lo arrastrarán por sobre rocas cuando
Entrada la noche, el fraile apuesta a que Dios sea revolucionario.
Del lado patriota, contamos con unas tropas entrenadas hace apenas unos meses en los cuarteles de Retiro. Pobres y analfabetos en su mayoría, por primera vez van a recibir (obligados) un entrenamiento metódico y acorde a los últimos adelantos de la guerra europea. Pardos, morenos, “indios”, criollos y algún que otro europeo. Mezcla de esclavos, sicarios, ex enemigos e idealistas, son llamados a filas como soldados de la revolución contra un mismo enemigo. Ley de las identidades: a nosotros nos hace nosotros los otros. Somos amigos porque identificamos a un enemigo, del que nos diferenciamos. El enemigo es otro, es diferente a nosotros.
Las velas dejan ver lo cansados, sucios y hambrientos que están. El calor sofocante no ayuda a conseguir el sueño. Los nervios y el miedo tampoco. Quizás algún tabaco sea lo mejor que puedan disfrutar por el momento.
Juan Bautista Cabral, correntino al igual que San Martín, pero a diferencia de él, esclavo y negro, afila su espada. Sueña con ser un ciudadano libre una vez que terminé el servicio.
Ojala Robertson que este caballo de Troya funcione.
A las cinco de la madrugada desembarcan 250 hombres en el puerto de San Lorenzo y se dirigen directo al convento de San Carlos. Febo asoma a las cinco y media.
Detrás del edificio, el santo de la espada los vigila desde su catalejo. Los ve subir la barranca. Una vez alcanzada la superficie, la infantería realista marcha hacia el convento a por lo que venían: víveres y riquezas. No hay más tiempo que esperar.
El clarín estridente sonó. Los tambores del enemigo también.
Lanzas, bayonetas, sable en mano, armas de fuego. Un minuto eterno para poder tirar con suerte dos balas.
Después, poner el cuerpo y arrojarse contra el ajeno. Destrozarlo, sin piedad.
Somos menos: 120 contra 250 o más de 300. No importa, nuestra causa es la más justa. Nadie nos hará esclavos. “¡A la carga!”, “¡a degüello, carajo!”, “¡seamos dignos y libres que lo demás no importa!”
En general se cree que el papel, el rol de un jefe, es coordinar y conducir estratégicamente la acción desde atrás, mandar desde la retaguardia. Protegido.
Pero el Comandante en Jefe es el primero en salir al cruce de las tropas realistas y en enfrentar las balas del enemigo.
Valor: ir al frente, con los hombres, codo a codo, sin jerarquías.
Coraje: dar el ejemplo, ser el ejemplo. Los gritos en el cielo tienen sus pies bien puestos en la tierra. Las arengas y las palabras son coherentes con los hechos. Dicho y hecho son lo mismo. No hay divorcio. No sé a que otro quijote del Siglo XX me recuerda.
“¿De que color era el caballo blanco de San Martín?” Sean sinceros: todos alguna vez caímos en esa (sobre todo la primera vez) y sino fue en esa seguro que en otra sí. Argentina: líder en la producción de cuentos del tío.
El caballo blanco de San Martín es herido ni bien sale a enfrentarlos, a los tres minutos de iniciado el ataque. Garrón: el caballo cae encima del Comandante, dejándolo inmóvil al quedar atrapada una de sus piernas. Se viene la escena más dramática:
Atento a la situación, un infante español decide atravesar con su bayoneta al Jefe revolucionario. Pero, antes que Cabral, el puntano Juan Bautista Baigorria lo intercede y detiene el golpe, traspasando al español con su lanza. No se olviden de Baigorria.
Ahora sí. Tras la acción de Baigorria, Cabral se encarga de sacar al jefe del aprieto, pero mientras realiza su cometido recibe dos impactos mortales por la espalda. Y es cierto, el soldado heroico se cubre de gloria y su vida rinde haciéndose inmortal, pero no muere inmediata y románticamente en el campo de batalla, sino dos horas más tarde (según Víctor Nardiello, secretario de
Los realistas huyen hacia la barranca. Algunos, desesperados, antes que los alcancen los determinados rebeldes y las balas, se tiran a las aguas del río Paraná. No se salvarán tampoco: muchos serán ahogados.
Un par de cuerpos mutilados sobre la hierba. Sangre en el trigo, rojo y amarillo. Polvo en el aire. Pólvora en las narices. Espadas y sables clavados en la tierra pendulan por un tímido viento de verano. A descubrir las caras, a quitarles los cascos, a reconocer a los muertos, a juntar los cadáveres (esperemos que no tengan familia). A capturar los cañones, los fusiles, a hacer algunos prisioneros, a recoger la bandera.
El capitán Justo Germán Bermúdez, al mando de la segunda columna, había llegado tarde al combate. Se demoró más de lo estipulado en el rodeo al convento. Pero una vez que llegó, terminó por desbandar a las filas enemigas y aseguró la victoria.
Durante la contienda, es herido en una pierna y debe amputársela por la gangrena. A los 11 días, tras las críticas de su comandante por la conducción de sus filas, el capitán se quita el muñón y se deja morir desangrado en una de las habitaciones del convento. En la revolución no se podía fallar y así se pagaba la lealtad. Justo era justo y leal. No era Cleto.
¿Combate o escaramuza de 15 minutos? Dejémosle esa tarea a los historiadores.
Lo importante es que a partir de ahí no hubo más campañas de los realistas de Montevideo hacia el río Paraná, y la ciudad comenzó a tener problemas de abastecimiento.
San Lorenzo marcó un giro en la revolución: primer ensayo, primera victoria, primer combate en la guerra por
A partir de ese hecho imagino que muchos pudieron decirle al futuro libertador de América: “Lo felicitamos señor. Se ha ganado nuestra confianza. Sea nuestro Padre de
No hay comentarios:
Publicar un comentario