El Guernica de Picasso no tiene más colores que grises.
En Montevideo, Galeano, se choca con una pared que propone entre todos patear esta gran burbuja gris.
Está llena de grises la vida para los que creen que no todo es blanco y negro.
Por Flores vuela sólo un ángel repartiendo sueños mientras su gente duerme: el ángel gris.
Es también gris el hombre que profetizó Parravicini que salvaría a la Argentina.
El largo trecho entre lo dicho y lo hecho es de color gris e igual de gris es el espacio de tiempo que va de la promesa prometida a la promesa realizada.
Era gris el porvenir de Joaquín, según el hombre que llevaba un traje del mismo color.
Gris es la indecisión. Gris es el intento sin suerte.
Gente fea, enferma y gris ve Rosita.
Grises son las deudas. Gris es la culpa.
Lo peor no es negro, es gris.
Grises se vuelven las palabras con condiciones.
Gris es el “tal vez”, el “quizás”, un “podría ser”, un “después te aviso”.
Los elefantes, en realidad, son rosas por naturaleza, como Dailan Kifki. Pero su piel se volvió gris de tanta tristeza y así los conocemos hoy en día.
La hoja que era blanca se volvió gris con la carbonilla y tu autorretrato.
Más claro o más oscuro, esperar siempre fue gris.
martes, 2 de marzo de 2010
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