jueves, 4 de marzo de 2010

Historias

La historia, generalmente la “oficial”, que es la que termina quedando o que más conocemos, vista desde nosotros, muchas veces pareciera ser en su mayoría un cúmulo progresivo de desgracias.

Éste relato de la historia, cuanto más lejos llegue en su relato a cubrir todos sus espacios, más efectivo será para repetirse, para imponerse, para perpetuarse.

Contra este gigante nos lanzamos con el juguete serio de la anécdota:

El domingo primero de enero de 1922 la Sociedad Rural, que siempre quiso contar su historia tapando otras, festeja el año nuevo homenajeando (léase desde nosotros encubriendo, disfrazando) al teniente coronel Varela en el “Hotel Argentino”.

El séptimo día de enero, llega el vapor “Asturiano” a Rio Gallegos, para rendirle homenaje y condecorar a Varela y sus hombres.

No hay manifestaciones populares de rechazo. No hay jornada de lucha masiva.

Pero si ocurre un acto de repudio a las tropas de represión: cinco meretrices del prostíbulo se negaron a atender a los soldados y les gritaron en la cara lo que realmente eran: “Asesinos!”

En esas prostitutas, en su pensamiento hecho acción, quiso refugiarse la dignidad. Y una historia más de resistencia que valga la pena recontar.

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