Pensar en y soñar con ella es un elogio a sentirse vivo. El sueño se te vuela y salís disparado de la cama a llenar una hoja en blanco. Eso se hace rápido, para aprovechar el envión de los vientos, antes de que se convierta en huracán del olvido y nos sople nuestras palabras.
Según Jacinto Benavente, cuando el amor y Don Quijote recobran el juicio es que están por morirse.
Por eso, no es que persiga lo eterno o la inmortalidad, pero antes de que te vayas y mientras yo sigo combatiendo mis molinos, te escribo, te guardo y te escondo para poder volver a abrirte y encontrarte, y así, de paso, yo no me muero y me mantengo bien vivito y coleando.
martes, 2 de marzo de 2010
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