Jorge escribía en las páginas de un diario cuentos de amor. Hablaba de amores pasionales, locos. Amores que matan. Lo hacía como un experto en el tema.
Laura leía sus cuentos y les gustaban.
Finalmente se conocen, salen un tiempo juntos y no se ven más por unos años.
Una noche se vuelven a encontrar.
Jorge llevaba un par de copas encima. Le agarra un ataque de sinceridad, post intento de suicidio, y no para:
“Laura, a vos sola te gustaban mis cuentos. Aparte, ¿quien me manda a mí escribir sobre algo que no tengo ni la más puta idea? El amor. De eso no se nada yo. Sobre el miedo tendría que escribir. De eso, cátedra. Por miedo le fallé a un amigo y a su hijo. Por miedo tengo un laburo que odio. Y por miedo te perdí a vos. (Hace una pausa). Vos sabés que yo de jóven pensé que todo lo que tocaría se convertiría en oro. Ahora de grande, todo lo que toco se convierte en mierda”.
Mirándolo a los ojos ella le dice “bueno, no está tan mal como para empezar”. Lo abraza.
Truenos. Comienza a llover.
Antes de subirse al taxi ella le da el teléfono de su casa.
Jorge no lo piensa. Le pide que baje la ventanilla para decirle una última cosa:
“Laura, no voy a poder dormir”.
“Yo tampoco”, le contesta ella.
jueves, 4 de marzo de 2010
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