Me alejo de los encuentros y los diálogos.
Me corro, como casi siempre, como me enseñaron, al rincón.
Rincón de la culpa, donde se construye.
Caldo de cultivo del miedo, tierra venenosamente fértil para los peligros imaginarios.
Moral de la obediencia.
Desde ahí, desde la silla del rincón, trato de entender que es lo que pasa con los hombres pero sin tocar nada.
Ceteris Paribus.
Montamos un laboratorio.
Levantamos un circo.
Y congelamos el movimiento.
lunes, 8 de marzo de 2010
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