Esa balsa, determinada y convencida, ya había partido movida por la contradicción: la llegada era lo que pasara en el camino y la meta no era más que embarcarse en la loca aventura de vivir según lo dicho.
Su norte era el sur y aprendió a mirar para adelante y más allá también, después de entender que no había que mirar para atrás, pero si lo hacía era por una sola cosa: para no olvidar.
martes, 2 de marzo de 2010
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