martes, 2 de marzo de 2010

Dicen por ahí 3

Uno que paso del otro lado de la delgada línea roja en Bagdad: “Ha sido la más espectacular exhibición de fuegos artificiales que he visto en muchos años. Era como la fiesta nacional del 4 de Julio. Bagdad se encendió como un árbol de navidad”.

Un joven que se confiesa en el subte: “Para eso le pago a la psicóloga: para que piense por mi”.

En las calles de un pueblo, estafado de lado a lado, se escucha un desahogo: “Menem, compadre, la concha de tu madre!”.

Jacques Derrida, desde el jardín de su casa, convertido en pez pero preso en una pecera por culpa de la cámara que lo filma: ¿Quién encontró alguna vez un Yo?

En Haedo, alguien pregunta: ¿Si pudieras ser un pájaro, que harías?

La barba que cambió la historia: “El revolucionario debe ser capaz de oir crecer la hierba”.

Rep, preguntándose sobre las editoriales que no editó: “Si las editoriales son para editar…¿Los inéditos, hay que llevarlos a una ineditorial?

Un vecino, ex militante partidario, en una marcha de un 24 de marzo, sobre el conflicto de sueños, las decisiones y los reproches: “¿Sabés que pasa, flaco? Acá nadie te enseña a vivir”.

El judío salvado por el ex colaborador nazi. A él: “Como dice la Torá, quien salva a una persona salva al mundo”.

Galeano, con su costado más sarteano bañado con agua del Rio de la Plata: “Uno es lo que hace con lo que hicieron de uno”.

Uno que se entrega: “No querés venir a quererme hoy?”

La Madre de la Plaza y de todos que se quiebra: “No nos pudieron éstos hijos de puta”. Y nos quiebra.

Un porteño de ley: “Hay cosas que si las pensás dos veces no las hacés”.

El pintor, que a pedido de Gertrude, tenía que dejar de ser el del siglo XIX, pasar a ser el del siglo XX y vaya si lo fue: “¿Porqué tirar por la borda lo que tuvo la gracia de venir a mi?

El Principito, en su etapa más adolescente y existencialista: “Entre el universo y los chicos del mundo que viven en la calle hay un vacío insalvable”.

En las calcomanías del vidrio de atrás de un taxi: “Yo escucho Radio 10”.

Groucho Marx, de anciano: “Cambio toda mi fama y fortuna por una erección”.

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