Mayo, 2008, Capital Federal, Buenos Aires, Argentina.
Tarde de sábado, barrio de flores, Rivadavia al 6000.
Una mujer sale al balcón de su departamento. Se pone a observar con atención el potus que tiene.
Lo mira, de un lado y del otro (es un potus, pensamos), de arriba y abajo (efectivamente sigue siendo un potus, volvemos a afirmar).
Obstinadamente está tratando de buscar una asociación. Está haciendo un ejercicio mental y conceptual que le permita decir lo que quiere decir, que le sirva para sentirse parte de la realidad.
Después de dedicarse cinco minutos y sin llegar a rasguñar una certeza sincera, se rinde: “Má si, yo lo digo”.
Respira profundamente, toma aire y grita a los cuatro vientos: ¡YO ESTOY CON EL CAMPO!
lunes, 8 de marzo de 2010
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario