Un chico gangoso de 10 años y soñador se pasa las tardes por el barrio con su hermano persiguiendo su suerte en la parte de adentro de las tapitas de gaseosa, que les dicen la mayoría de las veces que sigan participando. A la hora de emprender la vuelta a casa antes de que se haga de noche, el juego continuaba incluso hasta la cuadra de su casa.
Leo, con las manos sucias y los bolsillos llenos con las tapitas que iba a canjear en el almacén de la esquina por los posters de sus ídolos de futbol, levanta la última tapita del día, que dice:
“Si guardas esta tapa por 10 años, te amará la mujer que elijas amar”.
Trece años después, Leo se acuerda de la tarde en que no tuvo lugar para levantar una tapa más y se acuesta pensando si tanta incorrespondencia será por eso.
martes, 2 de marzo de 2010
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