Las fuentes no son muy claras. No se sabe bien si la niña estaba a cien metros de distancia de un campamento de ayuda de las Naciones Unidas o si eran mil. Sea una la cuadra o diez, la niña, sola, desnutrida, estaba intentando llegar hasta al campamento para pedir comida. Un cuervo a dos metros esperaba que falle. También, para poder comer.
Allí se hacia presente un fotógrafo, Kevin Carter, y también por necesidad: estaba trabajando. A Kevin le enseñaron que su trabajo era hacer lo que hizo: retratar, reflejar, mostrar la realidad. Fue sumamente profesional e hizo bien su trabajo: sacó la foto, a lo Animal Planet y se retiró, sin poner un dedo en la escena del crimen.
La foto, una vez rebelada y hecha pública, fue premiada y galardonada con un Pulitzer.
Tres meses después, Kevin no pudo aguantar más y se suicidó.
martes, 2 de marzo de 2010
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